En 1937, en una casa de Valencia con los cristales rotos por los primeros bombardeos, un grupo de escritores y artistas republicanos se reúnen para fundar una de las mejores revistas de cultura que hayan existido en nuestro país : «Hora de España». En 1947, regresado de la derrota, de las semanas en el campo de concentración francés y de los años de improvisado vivir en México, Brasil y Argentina, uno de ellos, Juan Gil-Albert, vuelve a esa casa que era la suya, para reanudar, en unas condiciones de marginación social y literaria que a fuerza de inevitables llegarán a hacérsele deseables, el hilo de una vida definitivamente cambiada.
Esta es la aventura que entre muchas otras teje la trama de Los días están contados, la más antigua de las obras de Gil-Albert que en este libro, al que ella presta título, se recogen invirtiendo el orden cronológico. Meditación autobiográfica de quien instintivamente escogió el exilio en su tierra, en sus páginas late el germen vivo, y a veces exasperado, de muchas de las ideas y las actitudes que se explayan en las otras tres piezas.
Abre, pues, el volumen, la más reciente : Viscontiniana, relato autobiográfico a la vez que homenaje al arte de Luchino Visconti y a su versión cinematográfica de Muerte en Venecia. Apreciación estética, digresiones y narración alternan y se funden admirablemente en la rara y encantadora unidad del conjunto.
Entre estos dos ensayos autobiográficos, A propósito del Arte, de Andalucía, de Ortega y Gasset y de otras cuestiones patrias y Genio y figura son textos afines que demuestran la capacidad de distanciación y la libertad de espíritu de su autor. Como buen exiliado, de afuera o de adentro, Gil-Albert encuentra en la realidad española motivo frecuente para la irritación ; pero eso no le impide a veces contemplarla —en extranjero— como un apasionante y peculiar espectáculo.
juan
gil-albert nació en Alcoy (Alicante) en 1904, en el seno de una
familia acomodada, y murió en Valencia en 1994. Licenciado en Filosofía y en
Derecho, publicó en 1936 su primer libro de poemas, misteriosa presencia. Al estallar la guerra civil española,
militó comprometidamente en el bando republicano; fue secretario de la
subsección de Literatura en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y
colaboró en la fundación de la revista hora
de españa, de la que fue secretario, así como en el Segundo Congreso
Internacional en Defensa de la Cultura. En 1939 se exilió en México, donde
trabajó con Octavio Paz en la revista taller
y escribió las ilusiones. Regresó
a España en 1947, y durante una larga etapa de «exilio interior», que duró más
de veinticinco años, publicó muy pocas obras, entre ellas los poemarios el existir medita su corriente (1949) y
concertar es amor (1951), hasta
su redescubrimiento con la antología poética fuentes
de la constancia (1972). A partir de 1974 aparecen numerosas obras,
entre ellas las prosas de crónica
general, la novela valentín
y el ensayo heraclés. gil-albert, cuya influencia en las
letras hispánicas no ha cesado de aumentar con el paso del tiempo, recibió la
Medalla de Oro de las Bellas Artes.