Hoy, en El amor no es amado, reencontramos a Héctor Bianciotti, quien, por boca de un sochantre oficial del Imperio Británico en la India, nos revela en cierto modo su secreta fuente de inspiración : «Como los niños, entre las maravillas de la realidad y lo maravilloso, siempre he elegido las primeras, aunque no sin preferir la oscura lógica de la imaginación a la verosimilitud».
Fiel a esta idea Bianciotti nos conduce, de un cuento a otro, del llano argentino a Francia, Venecia, Tubingen o cualquier ciudad mítica del Norte, y nos sumerge en algunas de las obsesiones o perplejidades que dan vida a sus personajes : el momento en que se revela el destino de un hombre, cuando el hombre aún no se parece a su destino ; la nostalgia de una vida diferente que bien podría haber sido nuestra ; el pasado considerado como único porvenir del hombre ; el enigma del dolor ; la memoria que cada día nos reinventa y hace pasar al filo del tiempo, en el flujo de la sangre y de un cuerpo a otro, los mismos sueños, las mismas leyes ; y también la vanidad de creerse virtuoso o culpable mientras, quizá, no se hace sino obedecer a una inmutable necesidad. . .
Héctor Bianciotti nació en
Argentina en 1930 y llegó a Europa en 1955. Tras residir en Italia y España,
pronto se estableció en París, y obtuvo la nacionalidad francesa en 1981. Desde
principios de los ochenta escribe en francés, y en Francia, su país de adopción,
es considerado uno de los más importantes novelistas contemporáneos. En 1996
fue nombrado miembro de la Academia Francesa, con lo que se convirtió en el
primer académico francés de origen hispano. Su trayectoria literaria se halla
muy unida a la de Tusquets Editores, con la que ha publicado nueve libros desde
1973, los primeros de ellos escritos en castellano. Sus novelas le han merecido
prestigiosos galardones, entre ellos el Premio Médicis (1977), el Premio Femina
(1985) y el Prix de la Langue de France (1994), y por el conjunto de su obra
recibió el Premio Prince Pierre de Monaco (1993).