Juan Gil-Albert regresó a España tras el exilio forzoso, en 1947, permaneciendo hasta hace tres años —cuando su obra empezó finalmente a publicarse y leerse en todo el país— en ese otro exilio, no menos penoso, que el de sentirse extraño en su propia tierra. Desde aquel silencio pudo observar —y vivir— con apasionada, si bien contenida indignación, día a día, la experiencia del período más lúgubre del franquismo hasta la celebración de sus “25 años de paz” en 1964, año en que Juan Gil-Albert decide escribir Drama patrio, destinado, no obstante, en áquellos y otros muchos años todavía, a sumirse en el fondo de un cajón. Hoy sale finalmente a la luz, ya no como un grito en medio de la oscuridad sino como un testimonio implacable y un lúcida reflexión.
“No es éste un informe imparcial sobre España —sobre su guerra civil—, tampoco parcial.” (. . . ) “yo he pretendido presentar la verdad, vivida en su existencia pasional. No es una interpretación personal, es más que eso, me expresa a mí, naturalmente, pero en cuanto coincido con el hombre de la calle (. . . ), la opinión.” (. . . ) “El tono que he querido darle, el que se me ha impuesto, es en cierto modo, panfletario.” (. . . ) “ Es decir, lo que he querido rescatar del panfleto es su clima , su decisión, su eficacia.” Difícilmente un autor podría definir su propia obra con mayor precisión y acierto.
juan
gil-albert nació en Alcoy (Alicante) en 1904, en el seno de una
familia acomodada, y murió en Valencia en 1994. Licenciado en Filosofía y en
Derecho, publicó en 1936 su primer libro de poemas, misteriosa presencia. Al estallar la guerra civil española,
militó comprometidamente en el bando republicano; fue secretario de la
subsección de Literatura en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y
colaboró en la fundación de la revista hora
de españa, de la que fue secretario, así como en el Segundo Congreso
Internacional en Defensa de la Cultura. En 1939 se exilió en México, donde
trabajó con Octavio Paz en la revista taller
y escribió las ilusiones. Regresó
a España en 1947, y durante una larga etapa de «exilio interior», que duró más
de veinticinco años, publicó muy pocas obras, entre ellas los poemarios el existir medita su corriente (1949) y
concertar es amor (1951), hasta
su redescubrimiento con la antología poética fuentes
de la constancia (1972). A partir de 1974 aparecen numerosas obras,
entre ellas las prosas de crónica
general, la novela valentín
y el ensayo heraclés. gil-albert, cuya influencia en las
letras hispánicas no ha cesado de aumentar con el paso del tiempo, recibió la
Medalla de Oro de las Bellas Artes.