Las
brujas de Salem, escrita para teatro en 1950 por Arthur
Miller, uno de los grandes dramaturgos de nuestro siglo, ha pasado a ser
una obra cumbre indiscutible de la literatura contemporánea. Y ahora, tras
vencer la proverbial resistencia del autor a que sus obras teatrales se adapten
al cine, se convierte en una película
de gran presupuesto con actores estelares
—Daniel Day-Lewis, Winona Ryder y
Paul Scofield—, un director de culto —Nicholas Hytner (La locura del rey Jorge)— y, por si fuera poco, ¡con guión del propio Miller! Nos ha
parecido, pues, la gran ocasión para ofrecer a nuestro lectores esta trágica
historia basada en un hecho real, auténtico alegato contra la intolerancia y el puritanismo, y la posibilidad
de conocer cómo un mismo autor la recrea en dos lenguajes tan distintos como
son el teatro y el cine.
Nos
trasladamos al año 1692, a Salem,
Massachusetts, donde vive una pequeña comunidad dedicada al servicio de Dios.
Pero un grupo de jovencitas, cohibidas e irritadas a la vez por la sofocante
atmósfera a la que las someten sus mayores, se ponen a bailar desnudas en los
bosques. Una de ellas, Abigail Williams
—que ha perdido su inocencia en el lecho del granjero John Proctor, un hombre casado—, bebe una pócima encantada para
inducirla a matar a la mujer de éste. Y, de repente, el Diablo parece
apoderarse de Salem. Las jóvenes
«brujas» son descubiertas e, incitados por sus terribles acusaciones, todos los
habitantes del pueblo son presa de una extraña e incontenible histeria
colectiva. Se inicia un juicio, en el que, una a una, las víctimas inocentes,
arrancadas de sus hogares por las maledicencias cruzadas, van cayendo en la
diabólica trampa de culpas y denuncias que ellas mismas han ido urdiendo.
¿Quién es realmente el culpable? ¿Habrá al fin una sentencia o simplemente una
venganza?
Arthur Miller nació en Nueva York en 1915 y falleció en 2005. Clásico incontestable de la escena estadounidense, escribió algunas de las obras maestras del teatro del siglo xx, además de ser autor de una extensa obra narrativa y ensayística. Entre sus numerosos galardones se cuentan el Premio Pulitzer 1949 o el de la crítica teatral neoyorquina en dos ocasiones –una por Todos eran mis hijos–, así como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2002. Hombre público por su compromiso social –y su vida privada–, nadie como Miller ha sabido reflejar las frustraciones y desengaños de la sociedad estadounidense. Tusquets Editores ha publicado sus grandes piezas teatrales Muerte de un viajante, Las brujas de Salem, Panorama desde el puente y El descenso del monte Morgan, su autobiografía Vueltas al tiempo, el cuento infantil La manta de Jane, el volumen de ensayos Al correr de los años y los libros de relatos Ya no te necesito y Presencia, así como las novelas En el punto de mira y Una chica cualquiera.