A
los lectores habituales de John Irving,
conocido por sus complejas y largas novelas, quizá les sorprenda descubrir en La
novia imaginaria a un autor de narraciones breves, de una simplicidad y
de una concisión extraordinarias. Dividido en tres partes —Relatos autobiográficos,
Narraciones y Homenajes—, este
volumen reúne doce piezas literarias
que cubren treinta años de escritura. Y en todas ellas está presente, con su
proverbial ironía y malicia —esta vez referidas a sí mismo— y con modestia y
sinceridad inesperadas, el autor que ha
cautivado ya con sus novelas a tantos lectores en el mundo entero.
Al
hilo de sus narraciones y digresiones, John
Irving va evocando sus encuentros con «hombres notables» —ya sean
entrenadores deportivos o profesores de literatura— que le han servido de
estímulo, y otros más corrientes, como el entonces presidente de Estados Unidos
Ronald Reagan. Se recuerda como un
adolescente gafe y torpe, incómodo en todas partes menos en el ring de lucha
libre, y que, cuando no luchaba, leía a los clásicos, en particular a Dickens. Tras contar historias de
ficción, describe, bajo distintas formas, episodios insólitos como el año
electoral correspondiente a las campañas de Bush y Clinton, o cómo
vendió a la revista Playboy un cuento
suyo con un seudónimo femenino. Tampoco faltan los homenajes a sus autores
predilectos. Y señala: «Ser escritor es un arduo maridaje entre una observación
minuciosa y la imaginación, no menos minuciosa, de las realidades que no has
tenido ocasión de ver». Por eso La novia imaginaria es a la vez un
gran logro literario y la expresión de un modelo de vida, el mundo según Irving.
John Irving nació en
Exeter (New Hampshire) en 1942. Autor de numerosas novelas y narraciones
traducidas en el mundo entero, ha sido galardonado por la Fundación
Rockefeller, por el National Endowment for the Arts y por la Fundación
Guggenheim; asimismo ha recibido el O’Henry Award y el National Book Award, y
en el año 2000 mereció el Oscar por el guión para la película Las normas de la Casa de la Sidra, basado en
su propia novela Príncipes
de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.