Laila
, una niña marroquí, es raptada de su aldea en las montañas y vendida a los seis años a Lalla Asma, una anciana que la instruye y que se convierte en su abuela. Cuando, ocho años después, muere Lalla Asma, Laia huye y se refugia en un fondac, en realidad una casa de «princesas» que hacen las delicias de los hombres. Pero hasta allí, con fines dudosos, la persigue el hijo de Lalla Asma. Laila, atemorizada como un pececillo dorado, sólo piensa en alejarse de esos hombres que la tratan con un sospechoso afecto. Tras esconderses unos meses en un barrio paupérrimo, se marcha a París ilegalmente con Huriya, una de las «princesas» del fondac. La gran metrópoli la fascina, aunque la condena a la más absoluta marginalidad. Rodeada de los personajes más variopintos, encuentra en la literatura su tabla de salvación, pero, sólo tras un azaroso periplo, será la música la que la devolverá a sus raíces.INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA
Una trasposición a nuestros ojos de la mirada del emigrante verdaderamente notable, vigorosa. Una fábula sobre el desarraigo, la marginalidad y el exilio. Por un escritor de raza.
José María Guelbenzu, El País
Un relato sobre la inmigración, sin tesis, sin prejuicios, como debe ser. Y todo ello con un oficio literario de primera magnitud.
Xavier Lloveras, El Periódico
A través de la historia de una emigrante marroquí, lo que aflora en la novela es la barbarie de nuestro tiempo.
Jean-Louis Enzine, Le Nouvel Observateur
Una fábula moderna, mágica y edificante, una metáfora del exilio, de la búsqueda de uno mismo y de su lugar en el mundo
Atoine de Gaudemar, Libération
Hermanada con la compleja y excelente La cuarentena por la misma belleza poética y los temas recurrentes: la búsqueda de los orígenes, el anhelo de libertad y pureza y, como siempre, el viaje.
Ignasi Pàmies, Lateral
Jean-Marie-Gustave Le Clézio,
ganador del Premio Nobel de Literatura 2008 por su obra, ambiciosa y rompedora,
es uno de los novelistas franceses más leídos en su país. Nació en 1940 en
Niza, donde estudió y se doctoró en letras por el Collège
Littéraire Universitaire.
Jamás, desde muy temprana edad, ha dejado de escribir. Consagrado con su
primera novela, El atestado (Premio Renaudot), pero ajeno a las modas
literarias, llevó una existencia nómada entre Asia y América hasta recalar, en
1970, en México, donde vivió hasta 1992, año en que se traslada a Albuquerque,
Nuevo México. Sus obras ofrecen siempre una visión de las «otras» culturas
(África, India, América) llena de admiración y comprensión.