Mie, mayo 23 2012
Vuelve el mejor cine español, el que tanto disfrutas, al que votas con mayoría absoluta.
Si te asustaste al conocer el resultado electoral con ¿Qué he hecho yo para merecer esto?…
Si temblaste de miedo tras el primer Consejo de Ministros con Mariano Manostijera y sus recortes…

Si te escondiste en el armario para no ser descubierto después de ver ¡Sabemos dónde fuiste el 15-M!…
¡¡¡NO TE PUEDES PERDER EL RETORNO DEL VERDADERO CINE ESPAÑOL DE MARCA ESPAÑA!!!
Muy pronto en las mejores salas….
CADA VIERNES, MÁS MILAGROS
Temblarás de terror con las decisiones semanales del Consejo de Ministros y el milagro de la división de los panes y los peces.
Intriga, emoción, pánico, humor nacional y destape moderado te esperan.
Con un elenco de ARTISTAS ESPAÑOLES en INSUPERABLES INTEPRETACIONES:
Luis Tosar AS Luis de Guindos.


“Ha sido una interpretación muy dura, porque el personaje es una mezcla de maltratador como el Te doy mis ojos y con mucho de chuleta mafioso carcelario, como el Malamadre de Celda 211“, ha declarado el actor.
Santiago Segura AS Cristóbal Montoro


Satisfecho de su trabajo, Segura confesó: “Menudo reto ha sido pasar del brazo tonto de la ley al brazo tonto de Hacienda, pero con la misma estructura: tramposo, xenófobo, demagogo…”
Maribel Verdú AS Soraya Sáenz de Santamaría


La actriz desmintió haberse operado el pecho: “Para mí fue fácil encarnar la suculencia lasciva y atontolinada: ¡es que yo fui a colegio de monjas!”, declaró.
José Isbert AS José Ignacio Wert


“Pa mí fue coser y cantar, yo no soy de esos del Método ni puñetera falta que me hace comprender al personaje. Yo me pongo y hago lo que me dicen. Pero este tío, además, me sonaba, debe ser de mi tiempo o un poco anterior, un tipo rancio, alcanforado, muy de pedir langostinos y tarta al whisky, no sé si me explico, y simplote, rústico, algo silvestre, o sea, pan comido”, ha dicho el legendario actor español.
Mila Ximénez AS Ana Mato


“Como actriz soy capaz de todo, ¿que no? Ven aquí y verás”, ha declarado la popular Ximénez.
Marisa Medina AS Ana Pastor


“Mi gran aportación ha sido sacar a flor de piel y mostrar en la pantalla lo que la ministra tiene que esconder ante todos bajo el traje de chaqueta: esa mujer sedienta, sensual, insaciable y carnal que todas llevamos dentro; por eso, en la película, me desnudo aunque no lo exija el guión”, ha revelado la popular presentadora.
Mario Vaquerizo AS Fátima Báñez


“Ha sido una maravillosa oportunidad de hacer de mujer-mujer para que me fiche Almodóvar. ¿Pedro, me oyes? ¡¡¡Pedro!!! ¿No te conmueve mi personaje, Pedro? ¡¡¡Pedro!!!”, ha declarado, gimoteante, Mario Vaquerizo.
Gonzálo Suarez AS Arias Cañete


“Tengo que admitir que el ministro auténtico me ha superado: es mucho mejor actor que yo”, confesó el director de cine asturiano: “Actúa sin parar y ni él mismo se cree lo que dice”.
Y MUCHAS SORPRESAS Y ESTRELLAS INVITADAS…
Antonio Banderas (con gafas) en el papel de Gallardón…
Una breve aparición de Luis G. Berlanga AS El Presidente Invisible:

Y la INOLVIDABLE actuación del gran Miguel Rellán en el papel más enrevesado y audaz de su vida profesional… el taimado, sibilino, untuoso… el inefable….¡¡RUBALCABA!!… ofreciendo siempre inolvidables diálogos a la oposición:

“Para la voluntad de diálogo he utilizado el Método Ollendorf. Creo que ha sido el papel de mi vida”, ha resumido el actor.
¿TE LA VAS A PERDER?
Y recuerda: esta película está patrocinada por la Marca España y parte de la recaudación se dedicará a inyectar solvencia a nuestro sistema bancario.
(La otra parte es la comisión de Urdangarín)
EL PRECIO DE TU ENTRADA ES ¡PARA ESPAÑA! ¡UNA, GRANDE Y LIBRE!
CADA VIERNES, MÁS MILAGRO
La gran astracanada genuinamente española.
¡¡Próximamente en todas las pantallas!
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Lun, mayo 21 2012
El sábado teníamos un plan perfecto para volar por los aires el arsenal de la Marina en Cartagena, donde había quedado con mi cómplice, Antonio Orejudo (nombre en clave, por supuesto).
Contábamos con artefactos de fabricación casera y unas identidades fingidas: nadie sospecharía de dos plumíferos que, sobre el papel, no tienen otro objetivo que ir a la Noche de los Museos para hablar de sus libros y tirarle los tejos a las chicas más pizpiretas que hubiera entre el público. ¿Quién iba a adivinar que tras esas inocentes, aunque aburridas máscaras se ocultaran los rostros de dos implacables terroristas, quizá de los más buscados?
Lo peligroso de las tapaderas es que se apoderan de uno y al final se convierten en lo único que somos: acabamos hablando de nuestros libros hasta provocar bostezos y tiramos los tejos, que rebotaban como en un frontón golpeándonos de vuelta en la frente.
Aún tengo el chichón que me hizo la rubia.
Lo que dio al traste con nuestro plan perfecto fue una casualidad, un imprevisto, un accidente fortuito, como de costumbre.
Iba dando un paseo con Violeta, que se sentó en un muro frente al antiguo lavadero municipal.
Tal que así:

Parecía cómodo el sitio, así que me subí. Al bajarme de un salto me hice tanto daño que sólo puede pensar en lo viejo que estaba.
Pese al consumo intensivo de analgésicos (Cutty Sark, principalmente) el dolor aumentaba y mi movilidad se reducía, hasta tal punto de que mi amigo Eduardo Gómez de Enterría decidió hacer uso de la fuerza para obligarme a ir a ir a que me lo vieran.
Le expliqué al fisio que tenía una misión (secreta) que cumplir en cierta ciudad mediterránea, no di nombres ni datos, y me hizo un vendaje con el que según el quizá lograra resistir.
Quizá.
-Ahora bien, ni se te ocurra cojear. Anda todo lo despacio que quieras, pero pisando bien. Si no, mejor que no andes -me advirtió.
Me perdí el jueves la presentación de la nueva novela de Almudena Grandes, me perdí el viernes una comida en Hotel Kafka y el sábado, a las siete de la mañana, pisando huevos pero sin cojear, me subí en el tren rumbo a mi misión secreta.
Una cosa es el activismo clandestino y otra la mortificación, así que en cuanto localicé a mi cómplice nos fuimos los dos a un restaurante de pescadores, a la orilla del mar, donde nos comimos una dorada a la espalda, unos boquerones y unos chopitos.
En cuanto llegué al hotel pedí dos bolsas de hielo, una para el pie y otra para el whisky.
Me hizo mucho más efecto la segunda bolsa.
El caso es que apenas podía andar, así que mi cómplice y yo tuvimos que abortar el atentado y concentrarnos en la tapadera.
Jugamos en un bar agradable unas cuantas partidas.

La cara de Orejudo (nombre en clave) ¿qué dirías tú, que es de ganar o de perder esa partida?
Luego nos fuimos a la muralla púnica a hablar de nuestros libros. Decidimos que el asunto de la charla sería: cómo logramos lo que queríamos, ser escritores, y lo que nos ha pasado por haberlo conseguido.
Lo pasamos muy bien, aquí hay una foto que puso en su twitter Luis Alcázar:

Luego le tiramos los tejos a las chicas, que decían, como cuando éramos pequeños: rebota, rebota.
-Anda, si es una venda -me dijo una, señalando mi pie derecho.
-Claro.
-Pensé que se te había olvidado ponerte el otro calcetín. Como los escritores sois así…
-¿Así cómo? ¿Como de llevar calcetines blancos y encima olvidarse de uno de ellos?
Para que veas qué concepción tienen algunas personas del abnegado oficio de novelista.
Luego vino lo más vergonzoso.
Patético inclusive.
Mi cómplice y yo nos habíamos olvidado de sacar dinero del cajero automático, eran casi las tres de la mañana y estábamos en mitad de ninguna parte.
Tuvimos que hacer una colecta entre el público para poder volver al hotel en un taxi, dada mi movilidad reducida ya casi al mínimo.
-Es muy triste escribir pero es mejor que robar -decíamos.
-Somos novelistas y tenemos familias que mantener -implorábamos.
-No es para vicios -explicábamos.
Tanta lata dimos que al final conseguimos juntar unos diez euros en moneda fraccionaria y volvimos en taxi al hotel.
El conductor, cuando le pagamos con calderilla, se convenció de que acabábamos de reventar una cabina de teléfonos o una máquina expendedora de refrescos.
Pedí en recepción mis dos bolsas de hielo y me fui a la cama.
Sin cojear, aunque tardé más de hora y media en llegar a la habitación.
Lo que más rabia me dio es que el arsenal se quedó igual que estaba, míralo, tan campante:

Otra vez será. La próxima no habrá fallos. Cambiaremos de objetivo.
Quizá, por qué no, como en aquella novela de Conrad, ataquemos sin piedad al mismísimo meridiano de Greenwich a su paso por los Monegros… pero estoy hablando demasiado, ¡las paredes oyen!
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Jue, mayo 17 2012
Ayer me llevó mi hija a ver un río que está al lado de casa, pero escondido entre unos montes (que es donde suelen ocultarse).
Anusca había hecho una presa con sus amigas.
Aquí está atravesando su presa para cruzar el río:

¿A que parece la novia de Huckleberry?
En la historia que escribo, como en (casi) todas las historias desde que el mundo es mundo, tarde o temprano alguien cruza un río.
A mí me gusta que el río sea de verdad, lo que a veces me obliga a inundar Madrid y hacer La Castellana navegable, al único efecto de que Fulano de Tal pueda atravesar una corriente de agua.
No obstante, si es menester que el río aparezca en sentido figurado, qué le vamos a hacer: hasta las venas valen y en la muñeca o en el corazón hay ríos profundos para vadear.
En lo que escribo ahora hay ríos que parecen reales y que se parecen a estos de la sierra del Guadarrama, y hay personajes que los cruzan, a menudo sin saber lo que hay al otro lado ni lo que dejan atrás.

Aquí estoy, dubitativo, atemorizado, sin saber si cruzo o no cruzo el agua.
Una vez me contaron que Juan Benet, en sus últimos días, a veces se quedaba ensimismado y luego explicaba: estaba imaginando un río.
A mí también me pasa, imagino ríos, pero como si fueran de verdad. Creo que así lo haría Benet.

Este es un río que dibujó Benet (el diletante) a lápiz en 1976.
Así veo también los ríos, cuando cierro los ojos, siempre es el curso superior, casi en el mismo nacimiento, siempre en una montaña que recuerda a las del Guadarrama.
Un hendidura que forma un valle, un hilo de agua entre dos laderas.
Así el río parece el origen del mundo (pintado por Gustave Courbet, claro está).
Esa anfractuosidad, esa cuenca entre los muslos, ese húmedo surco en el que todo empieza, pero nunca termina, porque, como decía el poeta de La destrucción o el amor, un cuerpo es un río (no nos bañamos dos veces en el mismo).
Cuando contemplo tu cuerpo extendido
como un río que nunca acaba de pasar.
Vicente Aleixandre: “A ti, viva”.
Por eso la primera palabra del Finnegans Wake no podía ser otra que un río, agua que corre y no termina de pasar (por eso la novela acaba igual): “riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus of recirculation back to…“
Riverrun.
Tampoco sabemos qué hay al otro lado de un cuerpo.
Pero nos metemos en el agua, sonrientes.

Por cierto, Los ríos profundos es el título de una novela de José María Arguedas.
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Sab, mayo 12 2012
Estos días he estado leyendo sobre alondras, no porque las distinga, para mí todo son pájaros, sino por casualidad. Alondra, aloutte en francés, skylark en inglés o die Lerche en alemán.
En 1820 Shelley, don Percy Bysshe, iba con su señora, la Mary (la de Frankestein) paseando por Livorno y oyeron el canto de una alondra.
Percy B. Shelley escribió un poema con el primer título que se le ocurrió: To a Skylark, A una alondra.
Para qué calentarse la cabeza.
En resumen: el pajarito pasaba por allí y el poeta lo captura para sus propios y algo turbios fines, a saber: convertirlo en símbolo y esas cosas que hacen los poetas con los indefensos y desprevenidos pájaros que les salen al encuentro.
Se admira el tio de la alegría de la alondra y de su canto, lo compara con “an unbodied joy”, un placer desencarnado, sin cuerpo, descorporizado, digamos.
Un placer inocente, sin culpa, no manchado por la materia.
Le hace bastante perrerías a la alondra, la compara con todo lo que tiene a mano.
Al final se pregunta por qué su canto es tan puro. ¿Será por su “ignorance of pain“, su ignorancia del dolor? ¿Será porque” thou lovest, but ne’er knew love’s sad satiety“, porque es capaz de amar pero no conoce la triste saciedad del amor?
Pues parece (¡bingo!) que es porque no tiene miedo a la muerte:
Waking or asleep,
Thou of death must deem
Things more true and deep
Than we mortals dream,
Or how could thy notes flow in such a crystal stream?
Nos vendrá siendo, sobre poco más o menos: Dormida o despierta, pensarás de la muerte cosas más verdaderas de las que soñamos los mortales, porque si no, ¿cómo podrían tus notas fluir en tal corriente de cristal?
Bueno, vale. Hasta nuestros placeres son sombríos
Our sincerest laughter
With some pain is fraught
Hasta la más sincera de nuestras risas soporta la carga de algún dolor.
Claro, Percy, claro: ¡porque tenemos cuerpo y culpa! Porque toda la carne es hierba y no somos inocentes. Por eso no podemos cantar como la alondra.
Si pudiéramos, afirma el poeta, qué bien cantaríamos.
Así que la alondra de Shelley es como la paloma de Kant, aquella que pensaba que volaría mejor si no tuviera que vencer la resistencia del aire, sin darse cuenta de que entonces, en el vacío, no podría volar.
La ligera paloma, que siente la resistencia del aire que surca al volar libremente, podría imaginarse que volaría mucho mejor aún en un espacio vacío. De esta misma forma abandonó Platón el mundo de los sentidos, por imponer limites tan estrechos al entendimiento. Platón se atrevió a ir más allá de ellos, volando en el espacio vacío de la razón pura por medio de las alas de las ideas. No se dio cuenta de que, con todos sus esfuerzos, no avanzaba nada, ya que no tenía punto de apoyo, por así decirlo, no tenía base donde sostenerse y donde aplicar sus fuerzas para hacer mover el entendimiento.
Crítica de la razón pura (Introducción, III).
Esta contradicción es de la que habla Shelley en sus stanzas. El límite es la grandeza. En el mundo de las ideas, en la razón pura, lejos de la realidad, no hay quien aguante ni tres minutos. Recibido, cambio y corto.
A esto lo llamaríamos pajaritos fritos: Shelley oye a una alondra, captura al animalito, lo adoba con metáforas, lo aliña con adjetivos rimbombantes y lo fríe en una sartén métrica para comérselo más a su gusto.
Para comérselo convertido en razón pura, en idea platónica, en poesía.
Ñam, ñam:

¿A ti no te da pena de esta alondra que se merendó Shelley aquel día de junio de 1820?
Parece la canción infantil esa:
Alouette, gentille alouette,
Alouette, je te plumerai.
Alondra, bella alondra, con qué gusto te desplumaría.
La canción, que es también un juego (cruel), va enumerando qué partes del pajarito desplumaría, el cuello, las patas, el pecho, lo que cada uno quiera:
Je te plumerai les yeux,
Je te plumerai les yeux,
Et les yeux, et le bec, et la tête…
Los ojos, el pico, la cabeza…
No me sorprende que, de tanto oír cantar esta idiotez machacona a los niños, Hitchcock tomara la palabra en nombre de la parte más débil.
Esta es la cara B del poema de Shelley:

La alondra de Shelley (quizá descendiente del passer que jugaba con la puella de Catulo) ha seguido aleteando entre los versos, donde al parecer vuela mejor, sin enfrentarse a la resistencia del aire, a la fricción de la realidad prosaica.
En marzo de 1887, Thomas Hardy (un poeta que me gusta mucho, sobre todo su obra más senil) estaba paseando con su señora por Livorno.
Pasear a la señora por Livorno debe de ser algo que no perdona ningún poeta inglés que se respete. Se acuerda de Shelley y de su alondra y… ¡se la come otra vez!
Decide merendarse recalentada en el microondas la misma alondra que Shelley había cocinado en 1820, y escribe un poema con el primer título que se le ocurrió: “Shelley’s Skylark“. La alondra de Shelley.
Para qué calentarse la cabeza.
En algún lado andará, dice, al cuidado de la tierra olvidadiza (“in Earth’s oblivious trust“) algo que conmovió a un poeta, un puñado de polvo que nadie ve, que nadie protege:
The dust of the lark that Shelley heard
And made inmortal trhough times to be;
Tough it only lived like another bird,
And knew not its inmortality.
El polvo de la alondra que oyó Shelley / a la que hizo para siempre inmortal/ aunque sólo vivió como otro pájaro /y no supo nada de su inmortalidad.
Vivió sin saber que había sido inmortalizada (aquí Hardy parece jugar con Shelley, que decía que vivió conociendo más de la muerte que nosotros; sí, pero sin saber que era inmortal, añade Hardy, un poco pelmazo, como dándole con el codo al lector y preguntado: ¿qué, lo pillas?).
Un día murió, sigue Hardy, se convirtió primero en “a little ball of feather and bone“, una pequeña pelota de pluma y hueso, luego en polvo que el viento dispersó y ahora nadie sabe ya dónde está.
Quizá esté en esa arena que contemplo ahora mismo, se dice Hardy.
Acaba pidiendo que las hadas encuentren “that tiny pinch of priceless dust“, ese pellizco de polvo que no tiene precio, para darle la sepultura que merece, puesto que inspiró el poema de Shelley.
¡Menudo negocio para la alondra!
Ahora resulta que su vida adquiere sentido por la peregrina razón de que inspiró a un poeta.
¡Atiza!
La poesía, por tanto, como un ritual de sacrificios humanos. Poetas que sacrifican sentimientos verdaderos para preparar su fritura lírica de fingidores. Poetas que sacrifican la realidad en el altar del verso, en la piedra donde le sacan a cuchillo el corazón del pecho a la realidad. Poetas que sacrifican el deseo real en aras del énfasis poético.
Ellos vuelan mejor sin aire.
La poesía como campana en la que se ha hecho el vacío para que la platónica paloma de Kant vuele a sus anchas.
Te lo digo en dos palabras: ¡pajaritos fritos!
Mi conclusión es que alguna poesía no es más que pajaritos fritos.
Alondras comestibles.
Yo estoy con la alondra, no con la poesía.
O con la poesía en la que hace viento.
Estoy con esa alondra que ya no canta.
¿Será la misma de la que habla el lied de Brahms, cuyo texto es de Josef Wenzig? Se titula Von Ewiger Liebe (Del amor eterno, Op. 43 nº 1).
Para qué calentarse la cabeza.
Dunkel, wie dunkel in Wald und in Feld!
Abend schon ist es, nun schweiget die Welt.
Nirgend noch Licht und nirgend noch Rauch,
Ja, und die Lerche sie schweiget nun auch.
Como si dijera:
¡Oscuro, qué oscuro en el bosque y en el campo!
Ya es de noche, ahora el mundo está en silencio.
En ninguna parte aún luz y en ninguna parte aún humo.
Sí, y la alondra también está en silencio.
La canción habla del amor eterno o de la misma “love’s sad satiety” de la que hablaba Shelley, la triste saciedad del amor.
¿Durará o se irá arrastrado por el viento? Scheide mit Regen und scheide mit Wind, dispersado con la lluvia y dispersado con el viento: es el mismo puñado, el mismo pellizco de polvo que un día fue una alondra y se deshizo con el viento y la lluvia.
Y Hardy piensa que podría estar allí, invisible en la arena que él está contemplando en Livorno (con su señora, como es natural: es peligroso pasear sin señora en Livorno).
Esa alondra es el amor eterno: ¡otro pajarito frito!
Y el amor ¿no se lo han comido frito los poetas de tanto meterlo en sus poemas como a la alondra?
Como escribió Brecht, un poeta entre cuyos versos soplaba el viento sin parar:
Freilich: mir blieben nur mehr die grossen Vögel
Die abends in dunkeln Himmel Hunger haben.
Por supuesto: a mí ya sólo me quedaban los grandes pájaros
que al atardecer tienen hambre en el oscuro cielo.
Los de Brecht sí son pájaros. Pájaros de cuenta.
Vuelan luchando contra la resistencia del aire. No desean otra cosa. No echan de menos el vacío.
Reales.
Pájaros de la realidad: no alondras fritas en poesía.

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Sab, mayo 5 2012
Este es el momento no muy solemne, pero muy alegre, en el que mi hija Anusca le regala a su prima Alicia los libros que ella ya no lee mucho.

¿Puede un libro electrónico dar tanta alegría a un niño?
¿O un cuento electrónico (porque Ali dice cuentos)?
O a un mayor. A mí, que me regalen una descarga, me deja frío. Bueno, salvo que me diga Salma Hayek:
-Ven aquí, Reig, que te voy a ofrecer una descarga…
Entre los pocos libros que conservo están muchos que me regalaron. Y todos ellos los hemos leído no menos de diez personas.
Serán cientos los libros que yo he leído prestados. Con el libro electrónico nos quieren obligar a pagar, no por el libro, sino por la lectura.
Y acabar con las bibliotecas, claro está, sitios peligrosos y de donde no se sale con ninguna idea buena, ¿verdad?
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Lun, abril 30 2012
Como no he terminado mi libro (mi vagancia no conoce límites), este año he celebrado el Día del Libro comprando algún libro y sólo he ido a firmar al Hotel Kafka y a dos librerías de amigos.
En Hotel Kafka presentamos Chavi y yo Cien mil millones de poemas, allí mismo y retransmitido en directo a través de Second Life.
Chavi leyó mi soneto alejandrino y explicó que era muy malo (lo es) y que él podía demostrarlo.
“Y puedo demostrarlo”, dijo el maldito.
-La prueba del nueve de la torpeza de un soneto es que, si lo lees del revés, empezando por el último verso y así hacia atrás hasta el principio, queda muchísimo mejor. Lo que ha hecho Reig, ahora lo veréis, sólo es tolerable si lo ponemos patas arriba -dijo y lo leyó de atrás hacia adelante.
Lo más doloroso es que tenía razón. El maldito.
Leído en voz alta del revés empieza con el último verso:
Tu coño es tu memoria, tu forma de insistencia
del alma sepultada en olvido inclemente
Y así hasta llegar al principio, que antes era casi ñoño, pero que ahora tiene otra resonancia:
No recuerdo tu nombre ni te dije te quiero.
En fin. Ya sabes, un truco Maggi para el sonetista casero: si un poema te sale manifiestamente mejorable, como una finca rústica, ponlo cabeza abajo, dale la vuelta como a un calcetín y arreglado.
También estuve en El Buscón, en Prosperidad, con Luis, una tarde de lluvia. Pasamos primero mucho rato Marisol, Chavi y yo bebiendo whisky en un bar que tenía terraza (la salud de los fumadores corre peligro, ¡nos obligan a coger frío sin parar!). Habían puesto un toldo, pero se encharcaba mucho y una camarera, que era guapa, china y llevaba uniforme (pantalón negro, camisa blanca con puños y cuello que parecían almidonados, pelo recogido en una coleta), achicaba agua sacudiendo el toldo con una pértiga de hierro. No era muy alta y pegaba saltitos para alcanzar la lona. A veces le salía bien y caía de golpe una gran cantidad de agua que hacía ruido contra la acera. Con estas cataratas intermitentes, el movimiento de su coleta y los sorbitos de whisky estuvimos tan ricamente hasta que llegó la hora de ir a la librería.
En Cercedilla hemos celebrado por todo lo alto, no sólo el día, sino la semana entera del libro, en la Librería Fuenfría, de Eduardo Gómez de Enterría.
Éste es el escaparate que me hizo Eduardo:

¿Que si firmé muchos libros?
¡Lo que no está escrito!
Sin parar.
Hasta que se acabó la tinta.
No obstante, por si acaso, nos llevamos Eduardo y yo el tablero, para aprovechar algún tiempo muerto entre firma y firma:

Así que la semana ha sido un poco agitada, lo que me ha venido estupendamente para no sentarme por las mañanas a trabajar.
El lunes, día del Libro. El martes me fui a la Complutense, a un taller de columnismo, sea eso lo que fuere.
Hablamos, cómo no, de los padres del yermo, subidos a su columna y sujetando el cielo y la ira de Dios con la columna de sus oraciones, como en la prensa los columnistas sostienen el firmamento, para que el aburrimiento de la información no se desplome sobre nuestras cabezas.
Hablamos de que una columna es como un soneto: tiene una sola idea. Si tienes dos ideas, haz dos columnas.
Hablamos de todo un poco y luego les pusimos como ejercicio escribir una columna sobre el taller. El plazo era de cinco horas, no más.
No formé parte del jurado que seleccionó, pero las leí todas. Me gustaron mucho. El jurado eligió como la mejor la de Jesús Cano Reyes.
La puedes leer aquí.
El miércoles tuve Club de Lectura (nos tocó Borges) y el jueves fui con Mateo de Paz a una tertulia con los profes del IES Villablanca, en Vicálvaro.
¿Y el viernes?
¿Qué pasa los viernes?
Pues ya lo ha dicho el señor presidente: todos los viernes, reformas.
Así que, el viernes, recortes y lentejas.
El viernes me reformé para inspirar confianza a los mercados. Me recorté a mí mismo. Me flexibilicé. Aumenté la productividad, reduje mi salario, me deshice de todos mis derechos y renuncié a la educación.
Famélico, productivo, abaratado, genuflexo y tembloroso me presenté ante los mercados insaciables.
No era suficiente. El Moloc del capitalismo reclama sacrificios humanos cada viernes.
Cada semana miles de personas pierden empleo, educación, sanidad, su vivienda y son llevadas al laberinto de los mercados.
Deberíamos convertirnos todos en Teseo.
Y el viernes que viene, más.
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Jue, abril 19 2012
Lo más duro de la política (eso que los periódicos llaman política) es que cada vez nos exige más conocimientos teológicos.
Empecé a estudiar teología para aclararme un poco con los etarras. ¿Se arrepentían o sólo decían que se arrepentían?
Grave asunto teológico, pero había que entenderlo y por eso, aunque ateo, volví a repasar los catecismos.
No fue bastante y tuve que desempolvar el libro de Deaño sobre lógica formal, para lograr desentrañar por qué ciertas condenas de la violencia eran válidas y otras no.
Por ejemplo: si haces dos condenas de la violencia (la de unos, pero también la de otros), la suma de ambas invalida la primera condena. Portentoso. A ver quién es capaz de razonar en proposiciones lógicas esta doble negación que se convierte en afirmación.
Siempre creí que a Luis Buñuel le gustaba la teología porque le ayudaba a entender la España de Franco. Puesto que vivimos todavía bajo el ahijado al que Franco designó “sucesor a título de rey“, hoy sigue haciendo tanta falta como cuando Buñuel rodó Viridiana.

Aquí está Luis Buñuel, que presumió siempre de no haberse quitado el sombrero ni la boina en presencia del abuelo del tipo este que tenemos nosotros “a título de rey”, tal y como decidió el Caudillo:

Le gustaba mucho disfrazarse, por cierto, sobre todo de monje o de cura:

Todo aprovecha en esta vida y mis esfuerzos por captar la esencia teológica de los asuntos de la lucha contra ETA, mira tú por donde, vienen bien para intentar comprender los alambicados puntos de doctrina que debate la babeante y adulona respuesta de los medios y los partidos a las ya legendarias Once Palabras del Calvario del Borbón: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir“.
Para pedir perdón son necesarios (entre otros) dos requisitos fundamentales: el dolor de los pecados y el propósito de enmienda.
Propósito de enmienda sí declaró el Borbón (“no volverá a ocurrir“), pero en cuanto a su dolor (“lo siento mucho“) es donde la cosa se complica.
Los doctores, que a puñados tiene la Iglesia, distinguen entre la contrición y la atrición.
El dolor de atrición, como bien explicaba el Concilio de Trento, lo provocan el miedo al infierno, la propia fealdad del pecado o el miedo al castigo.
Es insuficiente, aunque puede abrir el camino hacia la contrición perfecta.
Para Lutero, el dolor de las pecados que procede del miedo al castigo era pura hipocresía, y creo que no le faltaba razón.
La contrición es el dolor, no por las consecuencias del pecado, sino por la propia fealdad del pecado (y por haber ofendido a Dios, claro está).

En fin, veamos:
¿Qué es lo que siente, de qué se duele el Borbón?
De que por culpa de un resbalón le hayan pillado, obviamente, porque si no, nadie se habría enterado de nada. También se duele del escándalo en la prensa, es decir, de las consecuencias de su “equivocación”, que podrían no haber hecho más que empezar.
Hasta mi hija entiende que pedir perdón para evitar el castigo o las consecuencias de tu “equivocación” no vale.
Salta a la vista que, con este marrullero e interesado dolor de atrición, que sólo busca librarse del castigo, no es posible obtener el perdón de los pecados.
Prepara el camino, sin embargo, hacia la contrición perfecta.
Sin embargo, supuesto que haya hecho examen de conciencia y probado que se duele de sus pecados (por los motivos que sean) y que declara propósito de enmienda, aún faltan dos requisitos básicos: decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.
Aquí es donde desempeñará el papel protagonista nuestro clérigo cerbatana, Fray Rubalcaba, que ya ha declarado, frotándose sacerdotalmente las manos, su intención de absolver al rey, previa confesión en privado y penitencia secreta.
Por lealtad bien entendida, que es la que se debe al amo y no a los ciudadanos.
¿Le obligará a llevar cilicio? ¿A aplicarse la Ley de Transparencia? ¿Le propinará una azotaina, antes de absolverle?
Aquí vemos a Fray Rubalcaba, sin barba, aplicando un correctivo a una revoltosa del 15-M.

Por mi parte creo que la absolución es la abdicación.
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Sab, abril 14 2012
Algo sucede cuando en El País de hoy coinciden estas dos fotos, que en la web del periódico están casi al lado una de la otra:


¿Qué está pasando? ¿Nuria Espert le han descubierto también un tórrido affaire con la Lagarta Lagarde, como a Eduardo Mendoza?
¿Están liados entre sí el novelista y la truculenta actriz?
¿La imaginación de los fotógrafos ha tocado fondo y rebota sin parar?
¿O como de costumbre el matutino madrileño intenta ocupar el lugar de El Jueves, no sólo mediante las editoriales, sino también en la información gráfica?
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Sab, abril 14 2012
¿Tienes ya tu perfil de Second Life?
Más te vale que sea lo que la policía llama un “perfil delicuencial”.
Te va a hacer falta para lo que tenemos preparado. Aquí os copio la explicación de Chavi Azpeitia, que se resume en: quedamos el lunes a las diez menos cuarto de la noche en Second Life.
Hotel Kafka y el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Arizona os invitan al primer acto que organizamos conjuntamente: una entrevista (semipresencial y sincrónica) de los editores españoles María Casas (Debolsillo, del grupo Random House Mondadori) y David Villanueva (Demipage, editorial independiente). El entrevistador será el director de Hotel Kafka, Eduardo Vilas, y la entrevista, en la que se tratará la actualidad editorial en España, se hará en Second Life (en el Café Gijón de la isla Cíbola) a las 21.45 hora española del próximo lunes 16 de abril.
Los que quieran asistir a la entrevista (la entrada es libre) necesitan, previamente, bajarse el programa Second Life de la red (es gratuito), hacerse un avatar (en realidad, seleccionar uno entre los que el programa ofrece, y darle un nombre y una contraseña) y acudir a continuación a la isla Cibola. Para ello basta con escribir la dirección “Cibola, Cibola” en el navegador del programa y darle al enter: el avatar será transportado a la sala de recepción de la isla. Para llegar al Café Gijón hay que salir de esa sala y caminar hacia la izquierda por la acera, hasta llegar al final del parque. Nada más cruzar la calle veréis la entrada del Café Gijón.
Para que el moderador os deje pasar, también es necesario que enviéis un mail con el nombre de vuestro avatar al correo edicionambito@hotelkafka.com, al menos una hora antes de la entrevista, para que el moderador os deje pasar. En el caso de que no se haya practicado previamente, es aconsejable llegar al menos media hora antes al sitio, para aprender a sentarse, escuchar, chatear y hablar con el avatar.
Por mi parte, estaré desde una hora antes por allí por si necesitáis ayuda para manejaros. Para que no haya confusiones, os comento que mi avatar en Second Life se llama Olvido y es una muchacha bastante más joven y apuesta que yo.
Contra todo pronóstico, confío en llegar vivo al lunes por la noche.
Ayer viernes un titular de El País me dejó atónito.
EL FMI ALERTA DEL “RIESGO DE QUE LA GENTE VIVA MÁS DE LO ESPERADO”
¡Atiza!, me dije, menos mal que ahí está el FMI para avisarnos de los peligros que nos amenazan.
No sé tú, pero yo ya he pasado por ahí. ¡Ya he vivido más de lo que me esperaba!
De lo que yo me esperaba, aunque no estoy seguro de cuánto confiaba el FMI que iba a vivir yo.
¿Qué cálculo habrán hecho conmigo?
Miro las fotos de Christine Lagarde y estoy seguro de haberla defraudado: ella contaba con mi fallecimiento hace ya tiempo.
Qué cabezotas somos los hombres de mediana edad, qué medievales, qué incapaces de satisfacer a una señora tan altiva y estupenda como Christine.
Tú no sabes lo que se siente al dejar insatisfecha a Crhistine Lagarde.
No te lo recomiendo.

Me duele tanto decepcionarla. Me hiere su compasión, mírala, intenta quitarle importancia. Encima.
Me hace daño que intente consolarme y se muestre tan comprensiva.
Estas cosas pasan, no te preocupes, serán las copas, me dice Largarde, la Lagarta.
No pasa nada, susurra, ça ne fait rien, mon cher, pero me lo dice ya dándome la espalda cubierta de pecas, mientras se incorpora.
Ahora se irá y volverá del baño ya con una bata puesta.
Cariñosa. Encima.
Pero yo la conozco, es condescendencia lo que me dedica no sin ironía, mírala.

¿Qué hombre sería capaz de satisfacer tanto désir inassouvi que late oculto bajo los trajes de chaqueta de esta mujer?
¿Quién en todo el universo?
Bueno, venga, dejémoslo en España y en el gremio de novelistas.
Tuve una repentina revelación de las que sólo proporciona el Cutty Sark.

¡Eduardo Mendoza!
Quién si no.
Saltaba a la vista, pero hacía falta que a lo evidente le diera la luz ambarina del whisky para darse cuenta: Christine Lagarde es la amante secreta de Eduardo Mendoza.
Esos dos están enredados, lo sé.
¿Que no?
Te lo digo yo. Te lo dice el Cutty Sark.
Tienen un lío de pronóstico. No hay más que verlos. Son tal para cual.
Esa es la cara que puso Mendoza cuando le pregunté: lo negó todo y se tapó los ojos. No digo más.
Mendoza es el único varón nacido en uno de los países PIGS y meridionales capaz de cumplir con la Lagarta.
Y además sabe idiomas, el tío.
Es el único que no la defrauda.
Los demás, todos los demás, siempre vivimos más (y aguantamos menos) de lo que ella espera.
De lo que ella merece.
No estamos a la altura.
Desde luego, yo a los veinte años no esperaba vivir tanto como ya he vivido.
Por eso creo en la reencarnación: por experiencia propia.
A partir de los cuarenta, ¿quién no se ha reencarnado? ¿Quién no se ha despertado una mañana y se ha encontrado prisionero en un cuerpo que no es el suyo?
Uno se asusta. Se mira la barriga y confirma su temores: ¡me he reencarnado en el cuerpo de otro, y por si fuera poco, en el de un gordito cuarentón!
Y calvo, para que nada falte.
Un cuerpo extraño, incómodo, desconocido, que no se parece en nada al mío, por supuesto.
Un cuerpo incapaz de no decepcionar a la señora Lagarde.
Cuando sea más mayor quiero reencarnarme en Mendoza, por favor.
Mientras tanto, me conformo con una segunda vida.
¿Te veo el lunes en la otra vida?
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Mie, marzo 28 2012
Qué alegría me dio Ignacio Escolar cuando me llamó el otro día.
Todos sabíamos que Nacho no iba a aguantar mucho rato sin moverse, así que no es una sorpresa que ya se haya puesto en marcha.
Se llama www.eldiario.es
Aquí puedes leer la declaración de intenciones del periódico y la lista de los que, de momento, se han sumado.
De momento.
Si alguien puede publicar con éxito un periódico en internet, ése es Nacho Escolar.
Que si contaba conmigo, preguntó.
No fastidies: ya cuentas. Eso le dije.
Otra vez por fin vamos a poder desafinar, soltar gallos entre el coro de monaguillos con partitura de los bancos, las empresas y sus empleados del PP y el PSOE; disparar ese pistoletazo que interrumpe un concierto (como diría Belén Gopegui); decir lo que muchos pensamos y pocos se atreven a expresar en voz alta; hablar para decir algo, es decir, corriendo el riesgo de equivocarse; encontrar interlocutores (para eso está internet)… te lo digo en dos palabras: replicar y proponer.
Un periódico en defensa propia: porque somos muchos los que nos sentimos asediados, acorralados entre la resignación y la sumisión.
Otra vez por fin vamos a poder también divertirnos mucho.
Desde hace años, digo que sí a todo lo que me proponen Arsenio Escolar o Nacho Escolar, siempre me he divertido y no he hecho lo que he querido, sino mucho más: han conseguido que lograra hacer cosas que ni sabía que podía hacer.
No me voy a poner sentimental, sólo unas fotos de los primeros tiempos de Público, cuando Nacho estaba al frente, antes de que la empresa entregara el periódico, atado de pies y manos, a los palanganeros de los poderes fácticos.

Aquí Nacho escucha algún lento lamento, un reproche o una súplica de Reva, de Administración, mientra yo miro absorto… lo que rayos estuviera mirando.

Nacho y yo escuchamos, no recuerdo a quién. Cumplimos con la primera obligación de un periodista o de cualquiera: poner atención a lo que te están diciendo.

Una reunión de Redacción en el nuevo edificio (antes empezamos en unas oficinas prestadas en la calle Alcalá, más allá de Ventas). De izquierda a derecha: Iñigo Sáenz de Ugarte (Internacional), José Miguélez (Deportes), Lucía Álvarez (Opinión), un servidor (Sus Labores), Nacho Escolar, Fernando Sáiz y Amparo Estrada (Economía), Patricia Fernández de Lis (Ciencia), Manolo Rico (Nacional), José Manuel Costa (Cultura) y Magda Bandera (Nacional).
En eldiario.es volveremos a estar juntos muchos de los golfos apandadores que nos reunimos en Público, pero también hay muchos de los que voy a hacerme amigo ahora.
¡Allá vamos!
¡A por ellos, que son pocos y cobardes!
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