Viernes, junio 1, 2012

Madrid, viernes 1 de junio

Madrid tiene una cara tórrida que es, de todas las suyas, la que menos me gusta. 37 grados marcaba un termómetro callejero. No hay derecho. Supongo que la culpa es del gobierno. O de la alcaldesa. Menos mal que la ciudad tiene sus cañitas frescas y sus árboles y formas esbeltas que no suelen verse por la calle cuando aprieta el frío, según me han dicho.

He ido, el sol bajando, a la Feria del Libro, y había gente y carritos de bebé y puestos y todo eso. Cola larga (muchas chavalas) delante de Albert Espinosa. No tengo el gusto. Había otros con menos currelo y algunos con nada. Es lo habitual. A mí me toca mañana. Lo mismo me llevo unos crucrigramas para los ratos muertos.

He saludado a Enrique Redel, de Impedimenta, que me ha regalado un libro. Eso son amigos. Me ha dicho que me iba a gustar y lo cierto es que le he estado echando un vistazo a la novela en una terraza y el bicho literario me ha empezado a causar vibraciones positivas, muy positivas. Lo pongo aquí para ir haciendo boca: Una oración por Kateřina Horovitzová, del checo Arnošt Lustig. Me hace gracia el apellido. Lustig, en alemán, significa “divertido”, “gracioso”.

Impedimenta edita unos libros preciosos. Con independencia del contenido, los libros de esta editorial, como objetos, son la mar de atractivos. Se lo he dicho a Enrique porque es verdad y para compensar unos elogios con que me estaba sacando los colores. Encuentro encomiable, además, que respete las grafías de los nombres extranjeros. Por ahí tengo un par de Australes de Carlos Dickens y Guillermo Shakespeare. Hoy estas cazurrerías de nuestros abuelos ya no se estilan. Sólo resiste Julio Verne.

Antes que se me olvide, he saludado al colega Marchamalo en la Feria. Iba deprisa, con americana, acaparando calor, ¡qué noble propósito! De allí me he ido torrefacto (otra posibilidad sería ipso facto) a acluclillarme junto a la caja del aire acondicionado, en la habitación del hotel. A mí el calor me mata, me ablanda, me descafeína y aplatana. Jamás me casaría con una cocodrila. Ni con la más guapa del Nilo.

Fecha de entrada: Viernes, junio 1, 2012 @ 20:40
Subscríbase al feed de comentarios si lo desea. Responses are currently closed, but you can trackback from your own site.

2 Respuestas a “Madrid, viernes 1 de junio”

  1. Elías Says:

    Bueno, Fernando, hay cococdrilas la mar de guapas. Y tengo oído que a algunas hasta les gustan los plátanos.

    Abrazo tórrido.

  2. fernando Says:

    Seguro que sí. La vida, el destino o como se le quiera llamar a eso, me ha hecho hombre de pingüinos, de osos polares, de bichos del frío. Ya es tarde para ponerle remedio. Abrazo correspondido.