Viernes, mayo 18, 2012

De cuerpo presente

Ayer presentamos lentamente Años lentos en el Ateneo Español, adonde llegué mortificado de remordimientos por causa del retraso que nos impuso un atasco. En realidad no fue un atasco, sino la situación habitual de tránsito en la Ciudad de México. Es admirable el funcionamiento de esta inmensidad humana. Se percibe una especie de orden basado en la resignación y en la costumbre con los contratiempos. Se oyen, sí, cláxones desesperados, pero muy pocos. Por allí iba una ambulancia silenciosa, no sé yo si transportando apaciblemente a un moribundo. Nadie cede el paso a nadie hasta que no queda más remedio. Y todo, sin embargo, fluye. Fluye lento, pero fluye.

Llegamos como unos diez minutos tarde al lugar del acto. Por tanto, llegamos de los primeros. Carmen, la directora del Ateneo, aprovechó para enseñarme cuadros de las paredes y la biblioteca, cuyo olor me gustó. Olor familiar de libros entrados en años. Había una bandera republicana. Flotaba en al aire un como silencio de voces del exilio español.

Pedí y obtuve vino, because estaba más cansado que el burro de una noria. Para despejarme. No debí. Descontroléme. Me desolemnicé en exceso. Me flanquearon hembras a la mesa. Estaba, pues, como  en casa. Es que congenio con el rebaño cuando es bello y huele bien. A la diestra, Rocío Arnal, chileno-gallega, saludó y eso; a la siniestra, Anamari Gomís, que vino preparada con papeles y sonrisas, muy puesta en ciencia literaria. Y empezamos ante poco público, pero al final la sala estaba llena.

Gloriosa la entrada en pleno acto de un señor con gafas de culo de vaso, camiseta de la selección nacional de México y rostro moreno de antiguos soles americanos. Le habían dicho que su apellido, Mondragón, era vasco y quiso hermanarse. Habló de sí. Me enternecieron sus preguntas. Ninguna tenía que ver con los temas allí tratados.

En primera fila, señora de rosa. También el pelo, me parece. No la miré mucho porque escrutaba hostil o, por lo menos, severa.. Se sacrificó por entonar la nota adusta, contestaria y tal. Le puse cada vez que intervino unos trapitos verbales, mojados en vino, y entró brava a todos ellos. Menospreció a Carlos Fuentes. Me llevó al río sin agua de la pregunta legendaria: ¿Qué es la inspiración? Antes que yo pudiera abrir el pico, me adelantó la dos o tres respuestas que conocía y que no estaba dispuesta a tolerarme. Tomé otro sorbo de vino. Le hice unos pases de muleta verbal. Un poco más y va el estoque.

Y bien, muy bien. Quizá pequé de juguetón, pero cuando se tocaron dolores ajenos respeté la sombra de los hombres y cuando nos inclinamos a platicar de literatura dije cositas que habrían emocionado a mi madre.

En esto, me pareció que Anamari trataba de abofetearme, pero no. Era un mosquito interesado en asuntos literarios. Se me estaba viniendo a la oreja el muy educado como para señalarme un error cometido o sugerirme un tema. Ya no regresó. ¡Cómo iba a regresar si lo trataron como a latinoamericano en el aeropuerto de Barajas! Luego hay quien se queja de que la gente no lea más.

Acabamos y nos fuimos, acostéme pronto y sucedió lo que tanto temía: ¡Ha resucitado Goicoechea!

Fecha de entrada: Viernes, mayo 18, 2012 @ 14:48
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4 Respuestas a “De cuerpo presente”

  1. Rocío Arnal Says:

    Recordado vasco de la copa de vino… ¿ya se olvidó, tan pronto, del ruidoso hombre que vendía tamales por la calle de Hamburgo, que tanto le llamó la atención? Recuerde… ¡tamales, calientitos!… El personal del Ateneo le contrató para que usted pudiera sentir (con todos los sentidos), lo mismo que sentimos todos en esta ciudad, que cuando pasa el tamalero no se puede hacer ni decir nada, hay que guardar un respetuoso silencio, porque nada de lo diga será escuchado, le consta. Puede que haya sido en el momento en que el mosquito le susurraba algo al oído.
    Intentamos contratar algún sismo, lo juro, pero todavía no sabemos como hacer eso, tendrá que irse de este país sin sentir como esta tierra tiembla.
    La gallega del bastón ruidoso y su hija, la chilena-gallega le envían un saludo.
    Fue un placer conocerte, Rocío

  2. fernando Says:

    El placer fue mío, Rocío. Han sido unos días intensos que no olvidaré. Hasta pronto.

  3. Rocío Arnal Says:

    Hasta pronto, espero que la próxima vez si puedas sentir un temblor, de esos que mueven estas tierras. Un beso

  4. fernando Says:

    Ya regresé a Europa. Me habría gustado tener por vez primera una experiencia inmediata de un temblor sísmico, claro está que a condición de que ni las personas ni los bienes sufrieran daño alguno. Beso correspondido.