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22/11/2004

UNA DESLUMBRANTE RECREACIÓN DE LA HISTORIA Y LOS ORÍGENES DE UN TERRITORIO MÍTICO Y REAL

Verdes valles, colinas rojas , la novela definitiva de un autor casi secreto y largamente esperado. Entrevista al autor Ramiro Pinilla.


¿A qué escritores se siente más cercano?

Los autores más admirados en mis inicios fueron Faulkner y García Márquez. De hecho, algunas de mis primeras novelas no existirían sin ellos. Más tarde pude caminar por mí solo, sin ayuda de sus muletas. Siempre me han interesado los novelistas norteamericanos, por encima incluso de los europeos, porque con su corta historia literaria el país produjo escritores épicos, en contacto con la naturaleza, que careciendo de clásicos, escribían sin ataduras previas. El resultado son novelas y cuentos poderosos, vitales, escritos tocando de pies en la tierra, totalmente diferente a las narraciones europeas. Me refiero a Mark Twain, Thoreau, Hemingway, Jack London, Melville, Stephan Crane...

 

¿Cuánto tiempo le ha llevado escribir la novela?

He descubierto hace poco que en la primera página del manuscrito anoté la fecha del día en que lo inicié. Han sido 18 años, y en ellos he manejado 250 fichas de personajes. Al final me he encontrado con una pila de más de un metro de originales que he decidido guardar muy cuidadosamente en el gallinero.

 

¿Por qué una obra de tal envergadura?

Cuando uno se pone a escribir un relato así, no se imagina que pueda resultar tan largo, porque de saberlo lo más probable es que no lo empiece. Fue una especie de trampa. Llegó un momento en que la novela mandó sobre mí, y tuve que obedecerla. En ese sentido soy inocente de su extensión. Nunca había creído en esto, de hecho yo siempre sostenía que el autor debía imponerse a la obra, tenerla bien sujeta, pero en este caso ocurrió todo lo contrario,  y fue la novela la que mandó sobre mí. Al elegir a un personaje y dedicarle un capítulo me di cuenta que era el personaje el que se movía y no yo, así que le cedí todo el poder.  Y al desaparecer el autor con sus leyes novelísticas a cuestas (extensión, modos, imposiciones), el personaje, sin todas estos condicionantes, se lanza a vivir libremente.

 

¿Por qué ha pasado tanto tiempo retirado de los circuitos comerciales, aunque seguía escribiendo, después de ganar un premio de prestigio como el Nadal  y el de la Crítica en 1961 y quedar finalista de otro como el Planeta?

Tuve relación con varias editoriales, y no quedé satisfecho por diversas desatenciones. Decidí no depender de ellos y fundar con un socio la pequeñísima editorial Libropueblo, en la que vendíamos los libros a precio de costo, y los distribuimos personalmente por la calle, en mesas; eran otros tiempos, la transición y todo eso. Allí publiqué varios títulos y lo viví como una sensación de libertad total,  sin disgustos editoriales aunque, naturalmente, sin beneficio económico. Ahora me va a publicar Tusquets, es otra aventura y vamos a ver lo que pasa.

 

 ¿Qué les espera a los lectores en los próximo volúmenes de la trilogía?

He querido hacer una única novela, que se ha dividido en tres tomos por su extensión. Si este primer volumen arranca a finales del siglo XIX, con la llegada de una misteriosa muchacha que dinamita la estancada sociedad vasca, y se realizan calas hacia atrás en el tiempo sobre orígenes y mitos fundacionales desde visiones totalmente nuevas, que nada tienen que ver con las que circulan habitualmente, en los dos siguientes se exponen las consecuencias de estos orígenes ancestrales en los personajes más o menos significativos de nuestra sociedad, que por sí mismos son capaces de generar nuevas leyendas. Incluso a través de una guerra, que destruye tantas cosas, pero no tantas como destruyen los propios personajes.

 

Es cierto que mantiene un taller literario en Getxo desde hace varios años.

En mi juventud de escritor hubiera deseado tener a mano a gente a la que leer mis escritos, y no la tuve. Desde hace varios años he querido que escritores jóvenes puedan dar a conocer a alguien sus cosas y de ahí he organizado un grupo de gente que va y viene, traen sus textos, los leen, se comentan entre todos, a veces se dan disgustos (no se trata de una tertulia) y reciben una opinión que puede ayudarles.



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