
¿A qué escritores se siente más cercano?
Los autores más admirados en mis inicios fueron Faulkner y García
Márquez. De hecho, algunas de mis primeras novelas no existirían sin ellos. Más
tarde pude caminar por mí solo, sin ayuda de sus muletas. Siempre me han
interesado los novelistas norteamericanos, por encima incluso de los europeos,
porque con su corta historia literaria el país produjo escritores épicos, en
contacto con la naturaleza, que careciendo de clásicos, escribían sin ataduras
previas. El resultado son novelas y cuentos poderosos, vitales, escritos
tocando de pies en la tierra, totalmente diferente a las narraciones europeas. Me refiero a Mark Twain, Thoreau, Hemingway, Jack
London, Melville, Stephan Crane...
¿Cuánto tiempo le ha llevado escribir la novela?
He descubierto hace poco que en la primera página del manuscrito anoté
la fecha del día en que lo inicié. Han sido 18 años, y en ellos he manejado 250
fichas de personajes. Al final me he encontrado con una pila de más de un metro
de originales que he decidido guardar muy cuidadosamente en el gallinero.
¿Por qué una obra de tal envergadura?
Cuando uno se pone a escribir un relato así, no se
imagina que pueda resultar tan largo, porque de saberlo lo más probable es que
no lo empiece. Fue una especie de trampa. Llegó un momento en que la novela
mandó sobre mí, y tuve que obedecerla. En ese sentido soy inocente de su
extensión. Nunca había creído en esto, de hecho yo siempre sostenía que el
autor debía imponerse a la obra, tenerla bien sujeta, pero en este caso ocurrió
todo lo contrario, y fue la novela la
que mandó sobre mí. Al elegir a un personaje y dedicarle un capítulo me di
cuenta que era el personaje el que se movía y no yo, así que le cedí todo el
poder. Y al desaparecer el autor con
sus leyes novelísticas a cuestas (extensión, modos, imposiciones), el
personaje, sin todas estos condicionantes, se lanza a vivir libremente.
¿Por qué
ha pasado tanto tiempo retirado de los circuitos comerciales, aunque seguía
escribiendo, después de ganar un premio de prestigio como el Nadal y el de la Crítica en 1961 y quedar
finalista de otro como el Planeta?
Tuve relación con varias editoriales, y no quedé satisfecho por
diversas desatenciones. Decidí no depender de ellos y fundar con un socio la
pequeñísima editorial Libropueblo, en la que vendíamos los libros a precio de
costo, y los distribuimos personalmente por la calle, en mesas; eran otros
tiempos, la transición y todo eso. Allí publiqué varios títulos y lo viví como
una sensación de libertad total, sin
disgustos editoriales aunque, naturalmente, sin beneficio económico. Ahora me
va a publicar Tusquets, es otra aventura y vamos a ver lo que pasa.
¿Qué les espera a los lectores
en los próximo volúmenes de la trilogía?
He querido hacer una única novela, que se ha dividido en tres tomos
por su extensión. Si este primer volumen arranca a finales del siglo XIX, con
la llegada de una misteriosa muchacha que dinamita la estancada sociedad vasca,
y se realizan calas hacia atrás en el tiempo sobre orígenes y mitos
fundacionales desde visiones totalmente nuevas, que nada tienen que ver con las
que circulan habitualmente, en los dos siguientes se exponen las consecuencias
de estos orígenes ancestrales en los personajes más o menos significativos de
nuestra sociedad, que por sí mismos son capaces de generar nuevas leyendas.
Incluso a través de una guerra, que destruye tantas cosas, pero no tantas como
destruyen los propios personajes.
Es cierto que mantiene un taller literario en Getxo desde hace varios
años.
En mi juventud de escritor hubiera deseado tener a mano a gente a la
que leer mis escritos, y no la tuve. Desde hace varios años he querido que
escritores jóvenes puedan dar a conocer a alguien sus cosas y de ahí he
organizado un grupo de gente que va y viene, traen sus textos, los leen, se
comentan entre todos, a veces se dan disgustos (no se trata de una tertulia) y
reciben una opinión que puede ayudarles.



El jurado del VII PREMIO TUSQUETS EDITORES DE NOVELA, presidido por Juan Marsé, integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Rafael Reig y, en representación de la editorial, Beatriz de Moura, acordó por mayoría otorgar el premio a la obra Años lentos, de Fernando Aramburu (presentada con el seudónimo de Río Lippe).

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